La reconstrucción es hasta hoy una simple promesa

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TOMADO DEL DIARIO LA REPÚBLICA

Diana Olivares 

 Yuri Rodríguez

Colaboradores- Trujillo

Hace más de ocho meses que la quebrada San Ildefonso se desbordó siete veces y dejó en ruinas diversos sectores del distrito de El Porvenir. En la actualidad la avenida Hipólito Unanue, conocida como Río Seco, y sus calles colindantes son una zona relegada entre el polvo, los escombros y la basura. 

La calle  Pachacútec, el Club Juvenil Municipal y las losas deportivas que antes albergaban a los damnificados en ranchos improvisados, ahora lucen vacíos. Todos han vuelto a sus casas situadas en zonas de alto riesgo para reconstruirlas por sus medios ya que, según dicen, no perciben soluciones concretas por parte de las autoridades. 

Ingresamos por ‘El Badén’, una zona de pista baja donde se abrió paso el agua. Desde ahí, las casas distribuidas en los extremos de la  avenida Hipólito Unanue lucen  inhabitadas y empolvadas, basta con aproximarse a las puertas para darse cuenta que hay personas retirando escombros, algunas viviendo en el segundo o tercer piso, y otras parchando sus carpas porque no tienen otro soporte sólido. 

A Guillermo Altamirano lo encontramos armando columnas para levantar su casa. Trabaja en el área de mantenimiento de un colegio, vivía con su madre, pero falleció. 

“En algún momento tuve esperanza en las autoridades, ahora ya no. Nosotros mismos tenemos que tratar de reconstruir nuestras casas, esperar está demás”, dice con molestia.

A unos metros vive Julia Vásquez. Su vivienda está totalmente caída pero la ha cercado con plásticos. Tiene tres hijos: la mayor iba a postular para policía pero el desastre les dejó sin dinero y truncó ese objetivo profesional. Ella percibe que la gente los ve como apáticos o dejados.

 “Nosotros no somos mancos ni cojos”, declara con firmeza. “Podemos ayudar, pero trabajando en conjunto con las autoridades, sin embargo ellos solo vienen, nos miran y se van”, agrega mortificada. Dice que no pueden hacer documentos ni préstamos porque viven en zona de riesgo, a pesar de que han sido empadronados por el Organismo de Formalización de la Propiedad Informal (Cofopri).

SIN OLLAS COMUNES

Las ollas comunes organizadas por los damnificados y abastecidas por el municipio dejaron de funcionar hace aproximadamente tres meses, nos comenta Javier Rodríguez, quien fue presidente en la cuadra 9. Tenía un taller de carpintería. El agua y lodo que bajó de la quebrada destruyó su casa y sepultó sus herramientas.