COLUMNA DE OPINIÓN: ¿PRIVATIZACIÓN DEL AGUA?

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Desde 1981 en Chile, el agua es un recurso privado. Es uno de los pocos países en donde el líquido elemento está a merced de los hilos del mercado. Después de la década de los 80, que fueron 10 años de estatización y monopolización del estado, aparecieron recetas que cambiaron para siempre la geografía económica de América Latina. Se vino en llamar el Consenso de Washington al conjunto de medidas económicas que se dice tuvieron origen neoliberal. Entre ellas: privatización, liberalización de mercados, apertura al comercio mundial, desregulación y recepción de inversión extranjera.
Alberto Fujimori, Gonzalo Sánchez de Lozada y Eduardo Frei, inauguraron el periodo de los años 90 con profundas privatizaciones y fuertes ventas de empresas públicas. Todo apuntaba que el Estado era un mal empresario. El clientelismo político, atravesó en forma transversal la poca transparencia que pudo tener la administración pública. Los partidarios del gobierno de turno, se apoderaron de las empresas públicas y las saquearon en forma casi religiosa. Es así como el Perú vendió a Telefónica de España, la empresa Entel Perú, por 2,400 millones de dólares.
No todo se puede privatizar, existen sectores estratégicos que es imposible concederlas al sector privado y es mejor mantenerla en el Estado, para que suministre los servicios públicos, que por mandato legal le corresponde. Por ejemplo, no se puede privatizar puertos, aeropuertos, el agua y la salud. En cambio, se pueden concesionar o privatizar las carreteras, las cárceles, los terminales terrestres y las compañías aéreas. La eficiencia privada funciona allí donde el Estado no puede. En los últimos días se viene haciendo cada vez común, propuesta técnicas como: la flexibilidad laboral, jubilación anticipada por desempleo, reducción de las vacaciones y ahora también la posible privatización del agua.
La privatización es un buen instrumento, cuando no colisiona con derechos y libertades civiles. Y a veces es óptimo en la eficiencia social, porque dada la competencia de la industria, mejora los procesos de producción, las tarifas, la calidad y los precios. No hay que temerle a la privatización, es una buena fórmula para romper los monopolios, la colusión, prácticas oligopólicas y la ineficiencia empresarial.
El agua no puede ser privatizada y dejarla a la empresa privada, porque es un derecho consustancial al ser humano. No todo se puede exponer al mercado y sus mecanismos económicos. El amor no puede resolverse en el ámbito de las curvas de la oferta y la demanda. Existen bienes que jamás entraran en el curso del análisis económico como la fe, el amor, la compasión y la empatía.

Mg. Richard M. Vera Morán
Magíster en Gestión Pública y Docente Universitario